Con los ojos abiertos en el corazón del mundo

La espiritualidad ignaciana encuentra su fuente en la experiencia de San Ignacio, plasmada en los Ejercicios Espirituales. Se sostiene en un Dios que habita y trabaja en todas las criaturas y en todo lo que nos acontece. Nos impulsa a vivir desde un profundo sentimiento de agradecimiento por todos los dones recibidos, nos hace conscientes de nuestras debilidades y nos aporta claves que transforman nuestras relaciones convirtiéndonos en personas que enfocan su vida hacia los demás.

Los principales pilares de la espiritualidad ignaciana son:

Buscar y hallar la voluntad de Dios sobre mi vida. No lo más perfecto objetivamente, sino lo que Dios quiere de mí.
Ensanchar el corazón a las dimensiones del mundo, pero aterrizando en lo concreto para no perderme en vaguedades o en ideales irrealizables.
Conocer mi realidad profundamente. De ahí, examinar mucho cada situación y también reflexionar mucho sobre uno mismo.
Discernir, a la luz de la oración y de la razón iluminada por la fe, cómo puedo mejorar esa realidad para hacerla más evangélica.
Encontrar a Dios en todo lo creado, siendo contemplativos en la acción.

Servicio de la Fe
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